Defecto recién descubierto:
Me comparo constantemente con los demás para sacarme el máximo de defectos posibles.
Da igual cuál sea el objeto de la comparación: trabajo, vida social, amorosa, aspecto físico, nivel económico...de ahí al infinito. De lo que se trata es siempre de sacar lo peor de mí. O al menos de que parezca que salgo perdiendo en la comparación, para machacar un poquito más mi ya bastante dolorida autoestima.
Por increíble que parezca es algo que hago desde hace mucho tiempo y sin embargo, acabo de caer en la cuenta.
Qué fácil es mirar a los demás y pensar: "ellos sí que son felices y tienen una vida plena". Solapando a ese primer pensamiento un segundo tal que así: "y mi vida es un desastre, soy una pobre desgraciada". Por poner un ejemplo.
Evidentemente habrá ocasiones en las que sea "perdedora" en la balanza comparativa. Pero hasta ahora no había caído en la cuenta de que ésto no es más que un mecanismo mental pernicioso que pongo en marcha de forma casi inconsciente para "automutilarme", porque nunca me veo como ganadora.
Esto implica, consecuentemente, otro efecto negativo para la salud de mi autoestima. ¿Por qué tengo que compararme con nadie? Da igual si es para afirmarme en mis conceptos negativos sobre mí misma o para intentar consolidar los pocos positivos que tengo, no importa.
Yo no soy como los demás. Ni los demás son como yo. Podemos ser diferentes e igualmente valiosos.
Supongo que estoy muy influida por esta sociedad y esta cultura del éxito en la que vivimos en la que todo se mide a partir de las posesiones de las que eres dueño: belleza, éxito profesional, social, dinero.
Puede parecer una verdadera tontería, pero el darme cuenta de ésto que hago constantemente, para mí, ha sido un auténtico descubrimiento.
Desde ahora estaré alerta y trataré de frenar todos esos pensamientos negativos que mi cabecita genera a partir de comparaciones dañinas y odiosas.